Secreto de vestuario. La homosexualidad en el fútbol es un asunto «tabú» que contadísimos profesionales se deciden a afrontar sin tapujos. Un debate que ha reabierto el internacional alemán Mario Gómez, jugador del Bayern de Munich con raíces granadinas, al aconsejar a los jugadores gays que salgan del armario para estar «más liberados» en los partidos.
Aunque en su día Marcelo Lippi, ex seleccionador italiano, asegurara que en sus más de 40 años de carrera jamás había visto un futbolista homosexual, ocurre con las meigas, «haberlos haylos, pero no se dejan ver». Y es que, pese a la invitación de Gómez, salir del armario no resulta fácil para un jugador en la Bundesliga, pero tampoco en otros campeonatos. Porque las declaraciones homófobas en este sentido se suceden. La última, la del presidente de la Federación Croata, Vlatko Markovic, quien hace escasos días advirtió que, mientras él ocupe el cargo, ningún jugador que se declare homosexual podrá vestir la camiseta de la selección. Afirmación por la que se vio obligado a pedir disculpas.

Pero el caso del dirigente croata no es una excepción. Cuando dirigía desde el banquillo a la selección pentacampeona del mundo, Carlos Alberto Parreira rechazó categóricamente que un homosexual pudiera ser convocado por Brasil. ¿Por qué este rechazo? El machismo que predomina en el fútbol es el principal obstáculo para salir del armario. Pocos, por no decir ninguno, se atrave a dar el paso, aunque poco a poco se derriban barreras. Como la que dinamitó en España Aitor Ocio, ex jugador del Sevilla y actualmente en las filas del Athletic de Bilbao, al convertirse en el primero en ser protagonista de la portada de una revista gay. También algún presidente, aunque no en nuestro país, se ha atrevido a dar el gran paso. Es el caso del máximo dirigente del Saint Pauli alemán, Corny Littmann, un reconocido homosexual.

Fuente: ABC